Los beneficios para la salud, tanto física como mental, de la actividad física, han sido sobradamente evidenciados por la ciencia así como los perjuicios que supone para nuestra salud una vida sedentaria. Existe una notable evidencia que indica un descenso preocupante en la práctica de ejercicio físico desde el inicio de la pandemia en personas con enfermedades crónicas, obesidad e hipertensión.
Con respecto al Covid-19, los efectos a largo plazo y las secuelas provocados por el SARS-CoV-2 son dos de las grandes incógnitas sobre las que la comunidad científica continúa trabajando para ofrecer respuestas precisas. Diversos estudios han confirmado que la Covid-19 puede provocar en algunos pacientes síntomas que se prolongan durante un largo periodo de tiempo e incluso provocar secuelas que afectan a distintas partes del organismo, independientemente de si la enfermedad se ha cursado de forma sintomática o asintomática.
Muchos expertos hablan de una especie de “síndrome de fatiga crónica” generalizado que afecta en el día a día a muchos pacientes que han superado la enfermedad. Un problema que se acentúa en la práctica de actividad física.
Un grupo compuesto por expertos en distintas disciplinas médicas ha realizado una revisión científica, cuyos resultados indican que, después de un caso leve de Covid-19, una significativa proporción de personas experimenta una recuperación prolongada, particularmente cuando intentan retomar el ejercicio físico. Un problema que se torna aún más complicado en aquellas personas que han requerido ingreso hospitalario y han visto mermadas sus capacidades físicas debido a la enfermedad.
Muchos de los estudios actuales se han centrado en cómo los deportistas deben retomar sus prácticas una vez superada la enfermedad. La comprensión actual sobre la recuperación de la Covid-19 continúa siendo limitada, pero las investigaciones resaltan varias preocupaciones clave:
1.Daños cardiacos, incluso miocarditis. Hecho que es muy importante si hablamos de actividad física puesto que su realización, en presencia de miocarditis, se asocia con una mayor morbilidad y mortalidad.
2.Complicaciones tromboembólicas, como la embolia pulmonar, también se asociación con la Covid-19.
3.Actualmente no se conocen los efectos a largo plazo sobre los daños en la función pulmonar pero los datos recabados en base a la epidemia del SARS de 2003 sugieren deficiencias persistentes en la función pulmonar y en la capacidad de realizar ejercicio físico de los supervivientes.
4.Los episodios psiquiátricos primarios, como la psicosis, se han identificado como un síntoma potencial de la Covid-19 y las secuelas psicológicas tras superar la enfermedad pueden incluir trastornos de estrés postraumático, ansiedad y depresión.
La Federación Europea de Asociaciones de Medicina Deportiva recomendaba el pasado mes de julio la realización de una revisión médica en pacientes que hubieran cursado la infección, incluidos los que la cursaron con un cuadro sintomatológico leve, con pruebas que incluyan ecocardiograma y comprobación de la función pulmonar. La guía publicada por la Sociedad Holandesa de Cardiología insta además a que aquellos que han sufrido fiebre deberían realizarse pruebas de electrocardiografía antes de reanudar la actividad física.
Si una persona no era activa antes de la Covid-19 es buen momento para comenzar a practicar deporte una vez superada la enfermedad. Es muy importante señalar que, ante el regreso o la aparición de síntomas como la tos, fiebre, dificultad respiratoria, palpitaciones o anosmia, se debe detener el ejercicio y consultar con profesionales médicos.
Por todo ello se necesita una vuelta a la actividad física de manera gradual, individualizada y basada en la tolerancia subjetiva de la actividad. Una vez que el paciente ha sido estratificado atendiendo a sus riesgos y ha estado libre de síntomas durante al menos los últimos siete días, aplicar un programa por fases para aumentar los niveles de actividad física.
Fuente: Consalud
